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Concierto para violin de Beethoven


Si te gusta la música clásica alegre, de gran colorido y energía, entonces no te puedes perder el Concierto para violín en re mayor Op. 61 de Beethoven.

Con poco éxito, éste concierto se estreno en Viena, el 23 de diciembre de 1806. Al parecer, Beethoven terminó el solo de violín tan tarde, que Clemente (el violinista), tuvo que leer a primera vista una parte de su ejecución. Para expresar su disgusto, interrumpió el concierto entre el primero y segundo movimientos, tocando una composición propia, mostrando lo que hubiera sido capaz de hacer, de haber tenido tiempo suficiente para prepararse.

Hacia el año 1844, 17 años después de la muerte de Beethoven, la obra fue revivida, cuando, bajo la dirección de Felix Mendelssohn, fue interpretada por Joseph Joachim, quien en ese entonces contaba con tan solo 12 años de edad. A partir de entonces, ésta ha sido una de las piezas más importantes en el repertorio de conciertos para violín.

Movimientos

La obra esta estructurada en tres movimientos: Allegro ma non troppo (re mayor), Larghetto (sol mayor) y Rondo. Allegro (re mayor).

Primer movimiento – Allegro ma non troppo en re mayor

El primer movimiento inicia con cuatro tiempos marcados por los timbales, que luego son repetidos por la orquesta de forma progresiva. El tema principal es introducido por el clarinete, después lo interpretan las cuerdas pero en tono menor, dándole a la melodía un acento dramático de gran belleza. Todo esto crea un efecto crescendo que, a manera de prólogo, dará paso al solo del violín. Este interpreta variaciones y extensiones del tema principal, que alterna con pompa y gracia con la orquesta. El movimiento entero posee un carácter de gran dignidad.

Primer movimiento – Allegro ma non troppo 1a. parte

Segunda parte

Tercera parte

Segundo movimiento – Larghetto en sol mayor

Algo que, en lo personal, admiro en la música de Beethoven, son los contrastes entre sus movimientos rápidos y lentos. Los unos intensos, enérgicos, intempestivos, llenos de poder; los otros dulces, delicados, apasionados, un remanso de paz para nuestro espíritu.

El segundo movimiento, del Concierto para violín de Beethoven, consiste en un maravilloso diálogo entre el violín y la orquesta. Una sencilla y elegante melodía crea una atmósfera de excelsa paz, abruptamente interrumpida con un tuttis de cuerdas, que anuncia la llegada del tercer movimiento.

Segundo movimiento – Larghetto en sol mayor

Tercer movimiento – Rondo. Allegro en re mayor

La genialidad de Beethoven va más allá de los contrastes antes citados. En el último movimiento, vemos su capacidad para tomar una melodía relativamente simple, y dar a luz una obra maestra por medio de repeticiones y variaciones melódicas y armónicas. Beethoven podía escribir música que utilizaba el mismo tema cientos de veces y, aún así, hacernos experimentar la frescura de nuevos matices y colores a lo largo de toda la obra. Así es el tercer movimiento de éste concierto.

Tercer movimiento – Rondo. Allegro en re mayor



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